¿Y en el interior? Alicia en el país de las maravillas*
¿Cómo formamos a nuestros economistas? Ello se preguntan docentes y estudiantes de las Licenciaturas en Economía de la UBA y de la UNLP. Véase por ejemplo “El reino del libre mercado” en Página12 del 12-09-2011 ¿Y en las universidades del interior, cómo formamos a nuestros economistas?
Con algunas pocas y muy valiosas excepciones, la hegemonía neoclásica en los programas de las licenciaturas en economía del interior es la regla que condena a ser autodidactas a quienes deseen una formación plural.
¿Por qué se requiere una formación plural del economista, como contraposición a un programa de matriz neoclásica? La razón reside en que la teoría neoclásica no tiene por objeto explicar el mundo para transformarlo, sino que su objeto es justificarlo tal como es. En otras palabras, más que una teoría que intenta comprender la dinámica económica capitalista, es el resultado de un conjunto de modelos que tienen por objeto la justificación del capitalismo como el mejor de los mundos posibles.
Ello es evidente al repasar la historia del pensamiento neoclásico. Como observa Luigi Pasinetti en su tesis doctoral, la escuela neoclásica deviene hegemónica de la mano de la ruling class europea, en el marco de la políticamente convulsionada década de los setenta del siglo XIX, y como respuesta al marxismo que lo alentaba. A partir de la misma, y con el paso de la teoría objetiva del valor clásica a la subjetiva neoclásica, ya no era el trabajo el que daba riqueza a una sociedad, sino que una sociedad era rica porque sus individuos valoraban lo que tenían. Con la revolución neoclásica ya no habría explotadores que consumen sin generar valor y explotados que generan valor por sobre lo que consumen, sino individuos libres en sus elecciones a través de las cuales dan valor a las mercancías que consumen. Mientras que Marx buscará cuestionarlo, los neoclásicos buscarán justificar el capitalismo en medio de su creciente cuestionamiento social.
De hecho, su objeto apologista ha obligado al paradigma neoclásico a abandonar el método histórico y a adoptar el método ahistórico-aespacial, a pasar del análisis de clases sociales presente en Smith, Ricardo y Marx al individualismo metodológico propuesto por Carl Menger, de discutir los fundamentos filosóficos de las teorías a esconder su cosmovisión particular detrás de la objetividad de las matemáticas, a abandonar el análisis de la esfera de la producción o el mundo de las jerarquías para centrase en la esfera del consumo o el mundo de los iguales, e irónicamente en la era industrial donde los recursos reproducibles devienen la regla y los escasos la excepción, a abandonar el análisis del crecimiento y distribución de recursos para centrarse en la asignación de los recursos escasos.
Actualmente, evidencia de que el objeto de la teoría neoclásica es justificar al mundo tal como es, se observa en el hecho de que, una vez recibido y ejerciendo en los más diversos ámbitos y actividades, el economista rara vez aplica lo que ha aprendido en las aulas. El diplomado en economía solo se lleva un claro mensaje: el hombre es malo por naturaleza, y el capitalismo es el sistema que hace de los vicios privados las virtudes públicas, del egoísmo particular el bienestar general, y por ende el mundo capitalista es el mejor de los mundos posibles.
Evidencia de ello es a su vez la coexistencia de las ‘escuelas de negocios’ con las ‘licenciaturas en economía’ dentro de las universidades del mundo. ¿Acaso la economía no incluye a los negocios? Claramente ambos departamentos tienen objetivos diferentes. Mientras la primera forma ‘cuellos blancos’ a los fines de tomar decisiones acertadas para las empresas que trabajan, la segunda forma a ‘académicos’ capaces de desarrollar modelos matemáticos los cuales tienen por objeto, con pretendida consistencia interna y externa pocas veces lograda, justificar al capitalismo como el mejor de los mundos posibles.
En este sentido, el rol del economista neoclásico no es entender la dinámica económica para intervenir sobre ella, sino justificar el orden económico existente. De allí la incapacidad de los economistas formados en el mainstream no solo para anticipar la crisis, sino incluso para comprenderla y explicarla una vez ocurrida.
De allí también que, cuando un economista neoclásico desea pasar de la teoría a la comprensión de la realidad, debe abandonar sus promovidos modelos y adoptar esquemas teóricos forjados en escuelas de negocios y los think-tanks neoliberales, como por ejemplo el desarrollado por Michael Porter, de la Escuela de Negocios de Harvard.
Las herramientas conceptuales creadas por estos tanques no escapan sin embargo de la lógica apologética. No buscan justificar al capitalismo como sistema económico en general, sino que buscan legitimar políticas particulares, a saber: las que forjan sistemas educativos excluyentes, sistemas de salud inhumanos, sistemas de seguridad social rentables para sus administradores, sistemas bancarios al servicio de la renta financiera, inversiones en infraestructura funcional a los intereses de los capitales transnacionales, ajustes fiscales para pagar deuda pública heredadas de dictaduras, recortes de impuestos a los ricos, bancos centrales independientes del poder político democrático y dependientes del capital financiero, bailouts y socialización de pérdidas de los capitales concentrados, apertura comercial y atraso cambiario desindustrializador que transforma obreros que cuestionan la realidad en pobres incapaces de sobrellevarla, y en general toda política que priorice la ganancia capitalista como fin último y relegue el desarrollo de las mayorías a un potencial e improbable derrame o trickle-down.
Sin embargo, voces dentro del mainstream han vuelto a los clásicos, y en particular a Marx, con el objeto de poder explicar la crisis, crisis que el paradigma teórico hegemónico no logra interpretar. Por ejemplo Nouriel Roubini, ex Yale y Harvard, y actual de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, observa en su artículo del 15-08-2011 titulado “Is Capitalism Doomed?” los aciertos de Marx a la hora de comprender la dinámica capitalista y sus contradicciones.
Otro economista ortodoxo como George Magnus, senior economic adviser del banco suizo UBS, en su artículo del 28-08-2011 titulado “Give Karl Marx a Chance to Save the World Economy”, publicado el diario financiero no menos ortodoxo propiedad del republicano alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, observa que los economistas hacedores de políticas públicas debieran leer ‘El Capital’ a los fines de comprender la actual crisis.
Por su parte, el no menos celebrante del capitalismo Robert Skidelsky, miembro de la ‘British House of Lords’, y professor de la Universdad de Warwick, autor del libro ‘Keynes: The Return of the Master’, en su artículo titulado ‘Una nueva contienda entre Keynes y Hayek’, observa que el colapso económico mundial de 2007-2008 desacreditó la economía de las ‘expectativas racionales’ y trajo a Keynes y Hayek nuevamente a una contienda póstuma.
Sin embargo, la gran mayoría de los economistas formados y forjados en la lectura neoclásica-neoliberal disentirían con lo aquí observado. En cambio afirmarán que la teoría neoclásica no busca justificar la realidad económica sino interpretarla, y que el modelo neoliberal conduciría al desarrollo de aplicarse correctamente por parte de los países.
Si ese fuera el caso, sin embargo, de aceptarse la idea de Friedrich Wilhelm Nietzsche de que no existen hechos sino interpretaciones de la realidad, lo que no puede aceptar una universidad que se pretenda democrática es la existencia de interpretaciones que no tengan voz.
En este sentido, la pretensión de imponer la exégesis neoclásica-neoliberal como la interpretación verdadera de la dinámica económica no es otra cosa que el intento de imponer autoritariamente una determinada exégesis a los estudiantes de economía, de imponerles unas determinadas anteojeras kuhnianas, y por ende formar economistas que representen los intereses y los valores que dicha exégesis abraza.
En nuestro país vemos como desde hace tiempo, y en voz alta, los periodistas se han embarcado en una seria, profunda y fructífera introspección en torno a su formación y al ejercicio de su profesión. Los diferentes espacios heterodoxos que han forjado los economistas argentinos desde Buenos Aires en la última década parecen indicar la misma necesidad: es hora de repensar la formación y el rol del economista en nuestro país.
¿Y en el interior?
Y en el interior los estudiantes deberán decidir si desean seguir siendo formados dentro de la teoría neoclásica, y seguir por ende viviendo con Alicia en el país de las maravillas, sin entender las dinámicas económicas, o si desean empezar a entenderlas. En el interior los estudiantes deberán decidir si desean seguir promoviendo como autistas los postulados del neoliberalismo que han llevado al empobrecimiento de las mayorías en América Latina y actualmente a las de Estados Unidos a favor de las minorías, ha arrasado el planeta y su equilibrio ecológico, o si salen de su existencia inauténtica, recuperarán su libertad de pensamiento y discurso, y lo ponen al servicio del ser humano sin excepciones.
*Augusto Alejandro Comisso (Estudiante, ayudante de cátedra y auxiliar de investigación en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario)



